NH Gran Hotel Provincial

Mar del Plata

Siempre me llamo la atención El Provincial, en todas las fotos que veía de MDQ lo encontraba, su historia siempre me genero curiosidad. Así que como no podía ser de otra manera los gustos hay que dárselos en vida y entonces fui a conocerlo.

NH Gran Hotel Provincial

Cuando comienzas a bordear la playa cerca del centro de MDQ ya se ve el imponente hotel, su balneario, la rambla, el casino. Entrar por una de sus 3 puertas giratorias te llevan a comenzar una aventura en el tiempo, lo primero que te sorprende son sus murales en el hall del edificio una obra de es del artista César Bustillo que se inauguró en el año 1950, cuando el pintor tenía 38 años. El proyecto de la ejecución de los murales en el atrio del Provincial comenzó en 1948 por ofrecimiento de su padre, Alejandro Bustillo, arquitecto del tradicional hotel marplatense, así como también del Hotel LLao Llao, en Bariloche, y de la sede central del Banco Nación en la ciudad de Buenos Aires.

Sorprende lo amplio de los espacios en todo el edificio, los servicios y la predisposición del personal hacen la diferencia. Caminar por los corredores llenos de historias como disfrutar de las piletas internas climatizadas llenaron mi corazón viajero.

Hall del edificio

El Hotel forma parte de un emblemático complejo situado frente al mar, construido en 1946 por el famoso arquitecto Alejandro Bustillo. El hotel está en pleno centro de la ciudad, muy cerca de las playas, centros comerciales y del Casino Central. Todas las líneas de autobuses paran delante del hotel, por lo que es muy sencillo desplazarse.

El hotel dispone de 460 habitaciones distribuidas en 6 plantas llenas de detalles de época, como el suelo de madera original del edificio. Dichos detalles se combinan con elementos contemporáneos, como el escritorio y las sillas. Y además, todas las habitaciones incorporan comodidades del siglo XXI, como Wifi gratis y televisiones de pantalla plana de 32 pulgadas.

También dispone de dos piscinas cubiertas climatizadas (una exclusiva para familias), gimnasio y una zona de spa. Si pagas un suplemento podrás disfrutar del club de playa del hotel, con actividades para niños y club infantil.

Desde la rambla
Reuniones y eventos

El centro de convenciones del hotel cuenta con 14 salas de reuniones. Diez se encuentran en la misma planta y disponen de abundante luz natural.

Las salas tienen capacidad máxima para 1.500 personas y acogen importantes convenciones y eventos internacionales, como la Cumbre de Jefes de Estado.

Con un equipo de planificadores de eventos que te ayudará con la organización y pueden ofrecer servicio de café y tentempiés, o un menú completo.

El hotel tiene un restaurante de estilo tradicional con vistas al mar donde se sirve un desayuno continental. Para una cena tranquila con restaurante a la carta. Para comidas ligeras o sándwiches, pásate por el lobby bar.

El hotel cuenta con su propio spa, con una gran variedad de servicios como manicuras, pedicuras, tratamientos faciales y relajantes masajes. También dispone de 2 saunas y una sala de vapor, de libre acceso para los huéspedes.

Piscinas cubiertas climatizadas
HISTORIA

El colosal proyecto ideado por Alejandro Bustillo. Construir un símbolo para una meca. En 1939 ya había sido terminado el Casino, uno de los elementos clave en esa ciudad que, progresivamente, dejaba de ser tan solo el símbolo de la aristocracia. Dos años más tarde, terminaban la nueva Rambla, a la que le colocarían, además, los dos lobos marinos diseñados por José Fioravanti, el reconocido escultor que ya había decorado el vestíbulo de la Casa Rosada durante el mandato de Marcelo T. de Alvear. Faltaba, sin embargo, el Hotel, el símbolo de una ciudad que se transformaba en sinónimo de verano.

En el lugar emblemático donde hasta entonces se encontraban la vieja Rambla Bristol y el Paseo General Paz, los trabajadores ejecutaron el plan del arquitecto: se trataba de levantar dos edificios gemelos, el Hotel y el Casino, separados por un enorme playón de cemento, inspirado en la Plaza Vendôme de París.

Con 400 departamentos hechos con los mejores materiales de la época, cuarenta locales para comercios, un cine-teatro con más de dos mil localidades, enormes comedores, salas para exposiciones y salones de bridge y lectura, el hotel se construyó sobre una superficie de 150 mil metros cuadrados. Su edificación hermana, destinada estrictamente al juego y a la vida nocturna, tenía capacidad para 65 mesas de ruleta, otros treinta departamentos, espacios para teatro y cine, salas destinadas a la práctica de esgrima, una especie de boite, además de una confitería de grandes dimensiones.

Gimnasio del hotel

Inaugurado oficialmente el 18 de febrero de 1950.

La secuencia de murales pintados al fresco en la recepción eran, ciertamente, otro de los grandes atractivos. Ideados por el artista plástico César Bustillo, hijo de Alejandro, que con 38 años desplegó colores y figuras deslumbrantes para la época, se convirtieron en una fuerte impronta polémica del Provincial.

La obra de César Bustillo está compuesta por seis murales y pretende homenajear a los vientos del país, a través de la figura mitológica griega de Eolo, el Dios del Viento. El hijo del arquitecto imaginó a las Eólidas, un conjunto de deidades femeninas para cada uno de los puntos cardinales, que se lucían en las paredes del hotel exuberantes y sin ropa.

Los murales estuvieron descubiertos muy poco tiempo. La gente de Mar del Plata decía que por los desnudos las niñas no podían asistir al hotel. La prensa comenzó a atacar los murales y el diario La Capital llegó a decir directamente que era necesario eliminar las obras. Y llegó el momento en que alguien mandó a tapar los desnudos con telas”.

La suerte de los polémicos murales de César Bustillo no tenía que ver apenas con su creación artística. Su padre, Alejandro, había construido el hotel por su relación privilegiada con las familias patricias y con los políticos de entonces. Antes de que Manuel Fresco le adjudicara la obra, la habían ganado por concurso dos arquitectos marplatenses. Con la presencia de su hermano en el Ministerio de Obras Públicas, esos nombres desaparecieron, y Alejandro pudo hacer el hotel. “Lo llamaban ‘el arquitecto del poder’”

Finalmente, “con el correr de las décadas, los murales fueron destapados y vueltos a tapar sucesivamente. Primero, con la llamada Revolución Libertadora y, más adelante, durante última la dictadura militar. Hasta que a fines de la década de 1980 quedaron descubiertos y se mantienen en buen estado hasta la actualidad.”

Desayuno en el restaurante

Está emplazado en el sitio más popular de la ciudad y aún conserva la prosapia elegante y refinada con la que nació. De arquitectura impactante, fue vanguardista por sus servicios originales. Y, como sucede con tantos edificios de su valía, quizás no es reconocido en su real dimensión. El Gran Hotel Provincial de Mar del Plataes una joya instalada en la postal turística por excelencia, frente a la playa Bristol. Icónico. Fachada famosa e interiores misteriosos. Albergó a celebridades de todo el mundo. Marcó época. Sigue de pie frente al mar sin pasar inadvertido, haciendo gala de sus oropeles y escondiendo leyendas. Y una historia que, en gran medida, desnuda tiempos y aconteceres del país. Como marca de agua indisoluble en el ADN local, su construcción generó polémica. Es que para que el famoso arquitecto Alejandro Bustillo pudiera levantarlo, junto con el edificio paralelo y de igual estilo del Casino Central, se tuvo que demoler la antigua rambla que turistas y locales disfrutaban tanto. Con los años, el nuevo paseo con los impactantes edificios y el Monumento al Lobo Marino esculpido por José Fioravanti, se convirtieron en las joyas mimadas de la ciudad. Desde la realeza española hasta el presidente norteamericano Dwight Eisenhower se hospedaron en sus suites de pisos de madera. Y hasta se dice que algún espectro de impecable smoking suele deambular por sus pasillos durante las madrugadas invernales. Más allá de las fantasías, lo cierto es que el Gran Hotel Provincial, el más grande de Sudamérica, es uno de esos rincones que merecen ser conocidos por su valor patrimonial, histórico y cultural, allí donde la costanera se cruza con la calle Lamadrid.

La pileta exterior
Aquellos años de lujo

El 22 de diciembre de 1939 abrió sus puertas el Casino Central de Mar del Plata. Sin embargo, restaría más de una década para que, plaza seca de por medio, se inaugurase el Gran Hotel Provincial. El 18 de febrero de 1950, durante la gobernación de Domingo Mercante, se levantaron las persianas sobre el Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos. El hotel era único en su estilo tanto por los valores arquitectónicos como por los servicios a sus huéspedes. El arquitecto Alejandro Bustillo pensó al Provincial y al casino en 1937 a pedido del gobierno provincial. Si bien, ambos edificios llevan su sello, como el Hotel Llao Llao de Bariloche o la sede del Banco Nación frente a Plaza de Mayo, lo cierto es que, para la creación de los dos símbolos urbanísticos más fotografiados de Mar del Plata, se inspiró en la parisina Place Vendôme y en el estilo Luis Xlll. De todos modos, Bustillo era un talentoso creativo que le aportó sobriedad e idiosincrasia propia a su nueva obra junto al Mar Argentino.

Su fachada está recubierta por la tradicional piedra Mar del Plata y ladrillos a la vista, elementos que le confieren esa fisonomía característica rematada con la mansarda de pizarra negra. A sus pies, está rodeado, menos en la cara que da a la ciudad, por recovas que permiten el transito peatonal. Sus 77.500 metros cuadrados se dividen en siete plantas. Recorrerlas es una experiencia única debido a la historia que encierran y a lo exquisito de los detalles de construcción y decoración.

El sofisticado gigante, al momento de inaugurarse, ofrecía servicios únicos que pocos hoteles del mundo se daban el lujo de ofrecer. En este sentido, uno de los fuertes con los que se lo promocionaba era la posibilidad que tenían los huéspedes de contar con agua de mar en las canillas de las 500 habitaciones. Con los años, ese servicio fue anulado debido a que las cañerías de plomo que conducían esas aguas no eran aptas para la salubridad humana. El piso de caldén pampeano le conferían, y le confieren, a las suites un clima sumamente acogedor. Buena parte de su mobiliario sigue siendo el original, restaurado para la reapertura de 2008. Cuando fue inaugurado, el legendario diseñador francés Jean Michel Frank se ocupó de los muebles de estilo por encargo del propio Bustillo. El hotel estuvo cerrado entre 1998 y 2008, década en la que se deterioró mucho su mobiliario y su estructura matriz. En aquellos años se convirtió en refugio de murciélagos y hasta de amigos de lo ajeno que lo fueron saqueando. Se perdieron objetos incunables y muebles de épocas. Transitarlo era un viaje lúgubre digno de una película de terror. Las canillas inundando pisos de madera que no se pudieron reparar, techos que dejaban ver las estrellas y paredes descascaradas. Roedores anidando en los rincones. Y suciedad. Una escena fantasmal mostrando un edificio paralizado y en proceso de destrucción.

Desde el Balneario
Recuperar el esplendor

Desde su reapertura, la majestuosidad se palpa desde la calle. Ingresar por su acceso principal de tres puertas es sumergirse en una atmósfera palaciega. Da la bienvenida al visitante un gran espacio de recibo, techo de triple altura, escaleras art decó de mármoles brillantes y murales que son verdaderas alhajas pictóricas. César Bustillo, hijo del arquitecto, es el autor de esas pinturas que generaron controversia. En primer lugar, porque su padre no es una persona de la que se guardase el mejor de los recuerdos en la ciudad. Si bien sus obras son monumentales y simbolizan a La Feliz, para construirlas se debió tirar abajo la hermosa y elengante rambla de la Bristol. En buena medida, ese resquemor de los marplatenses con Alejandro se heredó en la obra pictórica de su hijo. Aún hoy, la ornamentación del imponente hall de ingreso es motivo de análisis en los claustros de estética y arquitectura. El autor de la obra se pintó a sí mismo en el mural que enfrenta, a la derecha, a los que ingresan al palacio. Las críticas a las obras tenían dos vertientes: por un lado, se cuestionó el "acriollar el arte" mixturando lo mitológico con lo autóctono. Y, por otro lado, causaron revuelo los desnudos que contenían las obras. Al inaugurarse el hotel fueron catalogados como "indecorosos para un espacio de libre acceso familiar". El autor debió cubrir con taparrabos los cuerpos desnudos, incluido el suyo, dado que él formaba parte de la obra autorreferencial. En vísperas del Festival de Cine de 1954, directamente los frescos fueron tapados en su totalidad. Luego de la Revolución Libertadora que derrocó a Juan Domingo Perón, esos lienzos fueron quitados para oponerse a lo que se había hecho en el gobierno anterior, pero la libertad duró poco dado que fueron nuevamente cubiertos. Cuestiones de los tiempos, las represalias, la ignorancia y los prejuicios. Hoy, los frescos están allí dando la bienvenida al visitante con versiones de Eolo, Dios de los Vientos, atravesando la idea madre de la obra.

La forma circular de buena parte del edificio le confiere identidad única. En la planta baja, atravesando un medio círculo se accede al restaurante y a la confitería del hotel. Un poco más arriba se encuentran las piscinas cubiertas y el spa actual. Un poco más allá se puede ver el mar y el balneario que pertenece al hotel que cobija una pileta descubierta que, durante años, estuvo enterrada bajo la arena de la playa. Otra de las curiosidades de la historia del hotel. Una salida subterránea directa conecta el edificio con la arena, y una puerta de varias hojas, hoy clausurada, permitía ingresar al Provincial desde la rambla y llegar hasta el centro del edificio observando las vidrieras de la desaparecida galería Promenade. Hoy, todo ese espacio es el sitio para comer o tomar un café. Del paseo de compras solo queda el recuerdo de las columnas que lo cobijaban y hoy enmarcan un gran pasillo central.

En tiempos de la inauguración, en el primer piso, contaba con una pista de baile de pisos de madera y forma circular, otra vez esta forma geométrica atravesando el pensamiento de construcción que le otorga identidad al espacio. El domo de cristal en el techo es digno de fotografías.

Salon en el 1° piso
Refugio de celebridades

Siempre fue refugio de los famosos locales. Su sala de teatro cobijó temporadas exitosas de la mano de los actores de moda. En los ochenta vivió su mayor esplendor. También sus terrazas mirando al mar se convirtieron en sets televisivos durante enero y febrero. El verano y el espectáculo son indisolubles en Mar del Plata. Y ahí estuvo siempre el Provincial para acoger ese cóctel de sabores autóctonos.

En 1981 se presentó Queen en el estadio Mundialista. La banda, liderada por Freddie Mercury se hospedó en el Provincial. Cuenta la leyenda que el cantante, asomado a una de las ventanas del hotel, habría visto a su pareja caminar junto a un joven por la rambla. Esto habría marcado el fin de la relación aunque el tercero en discordia involucrado siempre negó tal situación.

Guillermo Vilas fue otra de las celebridades hospedadas en el Provincial. El tenista hasta se dio el lujo de jugar varios partidos en una cancha de césped sintético montada en el Salón de las Américas de 1400 metros cuadrados y que suele utilizarse para eventos. Los clubes de fútbol lo han elegido siempre para alojarse cuando les toca jugar los torneos de verano. Cerca de fin de año, cuando se realiza el Festival Internacional de Cine, son muchas las figuras que se alojan acá o que brindan sus conferencias de prensa. Allá lejos y hace tiempo, Paul Newman o Sofía Loren transitaron los pisos de caldén que son testigos de ese tránsito de famosos. Cuando los Reyes de España, Sofía y Juan Carlos, se hospedaron aquí, la Suite Presidencial se denominó Suite Real. Toda una deferencia.

Fuente: La Nacion - Pablo Mascareño

En cuanto pueda termino de editar el video con toda la experiencia y lo subo a YouTube, para más info de viajes y paseos seguime en instagram te paso el link @SoyDannyOk CLICK AQUI.

Desde el aire